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Un sello de Malkija, hijo del rey

En la antigüedad, los personajes oficiales autenticaban sus documentos marcándolos con un sello sobre una superficie maleable como arcilla fresca (bulla). Se han descubierto numerosas impresiones de personajes del Antiguo Testamento. En ocasiones, y más raramente, se ha desenterrado el sello en sí.
Un sello adquirido en la década de 1990 por un coleccionista privado nos remite a un texto del libro del profeta Jeremías que describe uno de los períodos más oscuros de la historia de Israel (siglo VII a.C.).

El contexto histórico

El profeta Jeremías advierte repetidamente al rey Sedecías y a la corte del peligro inminente que amenaza al reino de Judá. Los neobabilonios, liderados por Nabucodonosor II (el Nabucodonosor II de la Biblia) invadieron Judá y amenazan Jerusalén (Jeremías 38).
Exasperado por las reprimendas de Jeremías, Sedecías entregó al profeta en manos de quienes se esforzaban por perderlo.

Imagen de la derecha: Sello de «Malquías, hijo del rey». En malaquita verde. © André Lemaire.

Lectura: Jeremías 38:5-6
Y el rey Sedecías dijo: He aquí, está en vuestro poder, porque el rey no puede nada contra vosotros.
Así que tomaron a Jeremías y lo bajaron a la cisterna de Malkija, hijo del rey, en el patio de la casa del guardia; bajaron a Jeremías con cuerdas a la cisterna, donde no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo…

En 587/586, Jerusalén es tomada y el Templo erigido por Salomón en el siglo X, así como el palacio del rey, son destruidos. Todos sus tesoros son llevados a Babilonia.

Imagen adjunta: huella y dibujo del sello de «Malkiya, hijo del rey». © André Lemaire.

El hijo del rey (o hijo de Hammélec)

El título «hijo del rey» es bien conocido en el Antiguo Testamento, como la designación general de una clase elevada de la sociedad israelita. Solo cuatro personajes concretos son calificados así en las Escrituras (1 Reyes 22:26; Jeremías 36:26; 38,6 y 2 Crónicas 28:7). Los biblistas coinciden en ver allí la designación de un príncipe, sin poder precisar la función política que un personaje así ejercía dentro del reino.