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Abdías, siervo de Oseas
Oseas, último rey de Israel

En la Antigüedad, los funcionarios autentificaban sus documentos estampándolos con un sello sobre una superficie maleable como arcilla fresca (bulla). De esta forma, se han descubierto en Israel muchas huellas de personajes del Antiguo Testamento. A veces se encontraba el propio sello. Recientemente, en Nueva York, uno de estos sellos se vendió a precio de oro. Se trataba del sello de un ministro de Oseas, el decimonoveno y último rey de Israel (732-722 a.C.).

Un sello

La bulla es una pequeña bola de arcilla pegada a las hebras que sujetan un rollo de papiro u otro documento. Las marcas de las fibras del papiro y de las hebras de cáñamo son aún bien visibles en el reverso de la bulla. La escritura es muy cuidada, según el estilo de la segunda mitad del siglo VIII a.C. Los puntos (.) separan las palabras, como en las largas inscripciones oficiales y públicas. El propietario es, sin duda, un personaje importante.

La adquisición

Un rico coleccionista adquirió en Nueva York, en 1993, un sello con el siguiente texto:

«A Abdí, siervo de Oseas»
Este texto se puede leer y entender de la siguiente manera:
«A Abdi» es una forma abreviada de Abdiyo, significando «Siervo de Yahvé», un nombre común en la época, y «siervo (ebed) de Oseas (Hoshéa)». La palabra siervo, presente en otros sellos, designa a un ministro real. El nombre propio que sigue (Oseas) debe ser por lo tanto el de un rey. ¿ Y el último rey de Israel no llevaba este nombre?
Oseas (Hoshea en hebreo: הושע) es el último rey del reino del Norte; reinó desde el 732 al 722 a.C. No debe confundirse con su homónimo, el profeta Oseas, que también vivió en el siglo VIII a.C.

Descripción del sello

Los distintos motivos del sello con forma de escarabajo están finamente grabados en calcedonia.

Imagen adjunta: de izquierda a derecha:
 – Sello de un servidor (ministro) del rey de Israel, Oseas (Hoshéa, en hebreo). Altura: 24,6 mm; Longitud: 18,2 mm; Ancho: 8,8 mm.
 – Inscripción: «A Abdi, siervo de Oseas»
Abdi, forma común de Abdiyo, que contiene el elemento teofórico YO. Este nombre aparece en hebreo como Obadías u Obadyahu, «siervo de YHWH».
 – Dibujo: hombre de estilo egipcio. Sostiene en la mano izquierda un cetro con forma de loto. 
A sus pies, un sol alado, otra figura egipcia.
© André Lemaire.

En el centro, un hombre que camina esboza un gesto con la mano derecha, mientras que con la izquierda extiende una especie de cetro con una flor de loto; lleva una peluca. Su postura y su vestimenta, una falda, son de estilo egipcio, algo habitual en esa época, incluso en Israel. Bajo sus pies, un sol alado, otro motivo egipcio. La identificación del propietario está escrita en paleohebreo, típico de la segunda mitad del siglo VIII (750-700 a. C.).

El contexto histórico

En el 732 a. C., Oseas conspira contra el usurpador Peka, lo mata y sube al trono del reino de Israel (2 Reyes 15, 30). El sucesor de Teglat-Phalasar III, Salmanasar V lanza una vasta campaña militar contra toda la región. Oseas, vencido, debe pagarle un tribut. Solicita la ayuda del faraón So y se niega a pagar el tributo anual. Egipto no se mueve, pero Salmanasar vuelve a invadir Israel en represalia. Oseas es encarcelado (2 Reyes 17, 3-4); Samaria, asediada en el 725 a.C., resiste tres años. Salmanasar V probablemente muere el mismo año (722 a.C.); Sargón II (722-705 a. C.) le sucede y se atribuye la gloria de haber tomado la ciudad.
Los neoasirios tienen como principio practicar trasplantes masivos de poblaciones para aniquilar cualquier espíritu de resistencia. La población de Israel es deportada a Khalakh, y sobre el Khabor, río de Gozan, y a las ciudades de los medos (27.290 personas según una inscripción de Sargón II y 2 Reyes 18, 9-12; 17, 3). Gente de Babilonia, Cuth, Avá, Hamat y de Sefarváyim se establece en las ciudades de Samaria en lugar de los hijos de Israel (2 Reyes 17, 24).
Los deportados israelitas fueron dispersados por varios lugares, lo que no favoreció la vida en comunidad y condujo a su asimilación en esas regiones de Mesopotamia, hasta el punto de que perdieron su identidad. Nunca regresaron a Israel.
Este episodio marca el fin del reino de Israel (en – 721), que se convierte en la provincia asiria de Samerina.
La arqueología muestra que varias ciudades israelitas del norte vieron reducido su tamaño, o incluso fueron abandonadas, y se concluye una fuerte disminución de la población. En Judá, por el contrario, al mismo tiempo, se observa un crecimiento demográfico que se atribuye a la afluencia de la población que no fue deportada del destruido reino del norte.

El detalle de un panel de piedra que decora el palacio central de Teglatfalasar III en Kalhu muestra al rey de pie en su carro, con la mano derecha levantada en un gesto de saludo durante una procesión de victoria. © Théo Truschel.